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WASHINGTON PUSO LAS VISAS, ARGENTINA PUSO LA PISTA

WASHINGTON PUSO LAS VISAS, ARGENTINA PUSO LA PISTA

Brasil avisó a la mañana. A la noche, el candidato derrotado que tenía prohibido salir de su país cruzó a Misiones y cuarenta minutos después volaba hacia Miami, acompañado por un patrullero de una fuerza federal argentina. No se violó ninguna ley. Pasó algo más caro: entregamos gratis un paso propio para un juego ajeno.

PRIMERA PARTE: LO QUE PASÓ

Lula ganó el balotaje con el 51,79% contra el 48,21% de Flávio Bolsonaro. Flávio no reconoció el resultado; su propio partido sí, al día siguiente. En esas horas, la Corte Suprema brasileña le ordenó entregar los pasaportes y le prohibió salir del país, por una investigación de lavado de dinero ajena a la elección. No era una orden de arresto: era una restricción mientras se lo investiga, como cuando a alguien le retienen el registro mientras se resuelve una infracción grave.

El martes a la mañana, Brasil le avisó al gobierno argentino que Flávio podía salir por la frontera. Esa noche, a las 22:50, cruzó a Puerto Iguazú con su familia. A las 23:30 estaba arriba de un avión privado que esperaba desde el lunes, después de un traslado acompañado por un patrullero de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Escala en Ecuador, destino Miami, visas norteamericanas para todos.

La Argentina no estaba obligada a detenerlo: la orden de un juez brasileño vale en Brasil. Pero si el vecino con el que uno comparte medianera y negocio le avisa a la mañana lo que va a pasar, prestar el auto a la noche ya no es un favor inocente. Es tomar partido. Y no fue el único gesto: fuimos el único gobierno de Sudamérica que no saludó a Lula, cuando hasta el partido derrotado había aceptado el resultado. NO SE ROMPIÓ NINGUNA LEY. SE GASTÓ LA CONFIANZA DEL VECINO DEL QUE MÁS DEPENDEMOS.

Lula gobierna hasta fines de 2030, y a Brasil lo necesitamos para venderle gas, para el Mercosur y para buena parte de lo que exportamos. El favor lo cobraron otros. La cuenta le llega a la Argentina. TENÍAMOS LA LLAVE DE LA ÚNICA PUERTA Y LA ABRIMOS GRATIS, PARA OTRO.

SEGUNDA PARTE: EL ANÁLISIS

La orden de Moraes era una cautelar de prohibición de salida: obliga al investigado y a las autoridades brasileñas, no a terceros Estados. No había orden de detención, ni difusión roja de Interpol, ni pedido de extradición. A un brasileño le alcanza la cédula para entrar al país, así que la cancelación de los pasaportes no tenía efecto en ese puente. Según la propia Policía Federal, Flávio ni siquiera pasó por un control migratorio brasileño. El “sin impedimento legal” de Migraciones es formalmente correcto. NO HUBO DELITO QUE IMPEDIR. HUBO UNA DECISIÓN QUE TOMAR, Y SE TOMÓ.

Lo que convierte el tránsito en decisión es el aviso del martes. Una alerta entre gobiernos no crea una obligación jurídica, pero deja constancia. Desde la mañana, el Estado argentino sabía lo que podía ocurrir y tenía el avión identificado y bajo control. Durante el día negó que Flávio hubiera entrado (el cruce aún no había ocurrido). A la noche lo despachó en cuarenta minutos, con custodia hasta la pista. EL AVISO NO OBLIGABA. REGISTRABA. Y LO QUE REGISTRÓ ES QUE LA ARGENTINA ELIGIÓ.

El oficialismo tiene dos relatos incompatibles del mismo hecho. El oficial habla de un tránsito regular, sin incidentes. Su ecosistema lo festeja como una operación de inteligencia “a lo Mossad”. O FUE UN TRÁMITE O FUE UNA OPERACIÓN. LAS DOS COSAS A LA VEZ NO PUEDEN SER. Y si fue una operación, la pregunta es quién la condujo. En Iguazú estaba Santiago Caputo, según La Nación y La Política Online (este último medio afirma, sin confirmación oficial, que llegó en el mismo avión en el que se fue Flávio). Caputo no tiene cargo público: es un asesor contratado como monotributista, que no firma decretos ni resoluciones. Migraciones registró un ingreso regular, la PSA hizo una custodia, la empresa despachó un vuelo con plan presentado, y el único actor con poder político real en la escena no firma nada. LA RESPONSABILIDAD NO SE DILUYÓ POR ACCIDENTE: LA ARQUITECTURA ESTÁ HECHA PARA QUE NO TENGA FIRMA.

La soberanía estratégica es la capacidad de actuar sin el veto de otro. Su reverso es que quien controla un paso que otro necesita tiene un activo. Para Flávio, la frontera de Misiones era el cuello de botella de la salida, y ese cuello de botella era argentino. Un Estado con estrategia se lo habría cobrado a alguien: a Brasil, con una cooperación que después pesara en el Mercosur o en el gas, o a Washington, como crédito propio. Si algo se cobró, se cobró en la moneda de una red política y no en la del país. EL PASO SE COBRÓ, PERO NO LO COBRÓ EL ESTADO ARGENTINO: LO COBRÓ UNA RED.

El efecto no calculado es que la Argentina quedó como culpable barato. Pelear con Trump por las visas le resulta caro a Lula; por eso apuntó contra la familia Bolsonaro, no contra el gobierno norteamericano. Pero el nacionalismo que la fuga alimenta necesita un responsable, y Buenos Aires se lo sirvió documentado: Brasil avisó y el avión salió igual. WASHINGTON PUSO LAS VISAS; LA ARGENTINA PUSO LA PISTA. A LA HORA DE PASAR FACTURA, BRASIL VA A ELEGIR AL DEUDOR AL QUE PUEDE COBRARLE. Y la factura llega a un gobierno que necesita a Brasil para aliviar la restricción externa, en un bloque donde fue Lula quien frenó cada intento de flexibilización. LA RESTRICCIÓN EXTERNA NO SE ALIVIA PELEANDO CON EL CLIENTE.

Brasil tampoco sale limpio. Su Policía Federal no registró el paso de Flávio por ningún control. Ministros de Lula responsabilizan a Moraes por dictar una cautelar sin detención, y el gobierno temía que un arresto agravara la polarización al iniciar el cuarto mandato. El motivo para dejar hacer existía a ambos lados de la frontera. Para la oposición brasileña, la fuga destruye el discurso legalista: Flávio no huye de la disputa electoral, huye de una causa patrimonial. Pero el PL tendrá desde 2027 121 diputados y 28 senadores, y reconoció el resultado antes de la fuga. UNA OPOSICIÓN SIN JEFE NO ES UNA OPOSICIÓN DÉBIL: ES UNA OPOSICIÓN QUE NEGOCIA SIN ÉPICA.

La facciosidad en política exterior no tiene un solo signo. En 2019, el gobierno de Alberto Fernández dio refugio a Evo Morales mientras la justicia del gobierno de facto boliviano lo buscaba. Fue discutible, pero fue un acto formal, firmado y asumido. Lo de Iguazú fue un tránsito negado de día y confirmado de madrugada. LA DIFERENCIA ENTRE UNA DECISIÓN DE ESTADO Y UNA OPERACIÓN DE FACCIÓN NO ESTÁ EN A QUIÉN SE AYUDA: ESTÁ EN QUIÉN FIRMA.

La Argentina tuvo por unas horas la llave de un paso que otro necesitaba, algo raro para un país acostumbrado a pedir permiso. SOBERANÍA ES PODER ACTUAR SIN EL VETO DE OTRO. ESTA VEZ NI SIQUIERA HIZO FALTA UN VETO: EL PASO SE ENTREGÓ SOLO.

 

Alejandro Di Palma

Miembro de IESO

Octubre 2026

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